Hacia las Dunas

 

 

Ulula la noche antigua, el tornasol de sonidos flamígeros a la intemperie de la estrella. ¿Hacia dónde marchan? Llevan instrumentos y risas hacia las dunas, las dunas profundas de arena que permiten soliloquios de magnitudes extra-mundo en un paisaje mítico, la iniciación a contra reloj en el tic tac del templo que se lleva puesto, la vela, la llama, la celebración de testigos ante lo inmenso, otra vez el sonido, otra vez el aroma invita a la aventura a practicar la pérdida absoluta de sí y hacia allí con su tienda entonces merodeando en sus ronroneos. El símbolo se abre y devela su clima, vision inabarcable donde todo es oleaje, donde todo es movimiento, tríptico escondido, anaqueles del olvido, la imagen queda suspendida en un tris de sentido que estalla y hace escarcha, líquenes insuflados en la psiquis, en el ocaso que transmigra de un color a otro, la cualidad celebratoria, el zumo, licor, elixir de lo manifiesto, gotas de rocío entre las mantas y en los canastos siempre hay frutas y en su canto siempre hay aves, y en sus plumas siempre hay viento..

 

Sus oraciones dan vida a las palabras que empiezan a formar grandes círculos sobre nosotros, el desierto se extiende, se abre y cambia  a medida que avanzan los colores se funden y las gemas del pensamiento refulgen el maestro del desierto ofrece su manto al ocaso la estrella del otro clima corona el paisaje. Canela miel y menta, ya no hace frío, ya no hay tormenta, sus labios profieren palabras de otros mundos plegarias espiraladas resplandecientes que encandilan la percepción en esa danza en ese fuego nos hicimos  noche nos hicimos arena y no hubo espejo que guardará secreto ni hubo orilla ni límite ni mente en el reflejo de los ojos mirando las llamas las centellas espíritus que atrae la oración plegarias en circulación palabras y símbolos se extienden como luminarias en el cielo el refulgir de la copa y ellas también susurran puesto que son viento. Respiro. realmente respiro. El séquito de entidades que también gustan del fuego danza y nosotros extáticos reímos nos embriagan con sus gestos aunque ni ellas ni nosotros nos vemos, cuando sea propicio nos reuniremos cuando sea propicio nos darán abrigo el manto impregnado del esplendor concentra su fulgor en la noche  silueta en la hora de las sombras los misterios del desierto se ofrecen en abundancia.  Respiro.

 

 

 

 

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