Sobre el Dios del trueno y manchas de tinta

"Though we are older than time itself, we are still New Gods"

- The Infinity Man and the Forever People, Número 1

 

Osiris puede morir en el mito, pero sólo porque resucitará. Los dioses nunca mueren de verdad; se ocultan o se transforman a un punto que puede costar reconocerlos, pero no mueren. Nunca mueren. Si lo hacen resucitan, como Osiris o como Superman. Captain Marvel, de Fawcett Comics, fue uno de los héroes más populares de la Edad Dorada (vendía más que Superman en la época en que Superman era el Rey), pero pocos lo recuerdan con ese nombre sino por el de Shazam, palabra mágica con la que el jóven huérfano Billi Batson se convierte en un superhombre. La premisa puede parecer básica y burda, pero no por eso carece de impacto y belleza: un huérfano es contactado por un hechicero de otro mundo, quien le otorga una palabra mediante la cual se convierte en un ser con los poderes de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio. El primer problema de Captain Marvel es que National (que cambiaría su nombre a DC) inició acciones legales contra Fawcett argumentando que era una copia de Superman; siendo la empresa más poderosa de las dos, ganó el pleito fuera de las cortes. DC no trató con el mismo cariño a Billy Batson que sus creadores y dejó de ser publicado por décadas. Su segundo problema fue el nombre: la empresa Marvel, solicitó amablemente que le cambien el nombre debido a que en su universo existía también un Captain Marvel, por lo que finalmente, a pesar de ser el primero con su nombre e integrado al universo de DC, sigue apareciendo cada tanto como miembro de la Justice League de Geoff Johns, pero bajo el nombre de Shazam. 

 

En la década del cincuenta, luego de que Fawcett Comics se viera obligado a dejar de publicar a Captain Marvel, el dibujante y escritor Mick Anglo creó en Inglaterra una copia barata y en blanco y negro, un sustituto que dio una idea de continuidad a los lectores británicos para llenar el reciente vacío: Marvelman. Micky Moran, huérfano, mismos poderes, palabra mágica (la ciencia de Komita reemplaza a la shamanística Shazam), mismos acompañantes, hasta el mismo archienemigo, una evidente copia del Doctor Sivana; todo era igual, o bien todo era parecido, una copia evidente que en medio de tantos juicios por plagios mucho más alejados nunca se presentó demanda alguna. La historia tuvo un éxito relativo y a principios de los 80s contratan a Alan Moore para revivir al personaje, pero resulta que nadie sabe bien quién tenía los derechos o qué pasó, pero hubo problemas y volvió a aparecer Marvel, por lo que el personaje terminó llamándose Miracleman. Éxito de crítica por su estilo vanguardista Moore fue reemplazado por Neil Gaiman y tras un par de juicios y disputas con Image Comics (en 1996 Todd McFarlane, creador de Spawn y CEO de Image adquirió la compañía que supuestamente poseía los derechos de Marvelman/Miracleman), hace unos años el personaje fue adquirido de manera definitiva por Marvel, aunque su nombre sigue siendo Miracleman. 

 

Los dos personajes, huérfanos y con sidekicks idénticos, tuvieron orígenes humildes para terminar en las dos grandes, DC y Marvel. A pesar de todos los escritores y dibujantes involucrados a lo largo de los años, de la radical inocencia de sus comienzos como un Superman más divertido y el revisionismo crítico moderno cortesía de Moore y la tendencia más bien oscura, aparentemente realista de los cómics modernos, que convierten a Billy Batson, tras el relanzamiento de The New 52, en un pendejo bastante insoportable, un huérfano odioso al que le cuesta crear lazos con su familia adoptiva o con cualquier ser humano, ser mágico o alienígena -y la película va por ese lado. A pesar de las constantes disputas legales y los vaivenes del mundo corporativo de la mitología moderna, o de los distintos colores en sus trajes, no son más distintos entre sí que Júpiter y Zeus. Billy Batson y Micky Moran, aunque utilicen distintas palabras para convertirse en nombre-de-superhéroe-con-la-palabra-Marvel, son un solo Dios, el Dios del Rayo y el Trueno. Las aventuras de Billy Batson, entonces, continuaron con las de Micky; no hubo pausa ni ausencia alguna, no existe plagio posible en las historias del huérfano que se convierte en Dios.

 

Otro caso parecido es el de Charlton Comics. Personajes como Blue Beatle, The Question of Captain Atom (coloreados algunos de ellos por Steve Ditko, el de Spider-Man) gozaron de cierto éxito en las eras dorada y plateada.  También terminaron siendo adquiridos por DC, quien planeó un regreso monumental de la mano de, nuevamente, Alan Moore. La idea era repetir de cierto modo la fórmula de Marvelman/Miracleman, utilizar personajes tradicionales y un poco olvidados para contar un nuevo tipo de historia. Eso es lo que estaba haciendo, hasta que en DC se enteraron de algunas de las cosas que tenía planeadas para los personajes principales. Cambio de planes. La historia sería la misma, pero no los personajes, no podría utilizar los bienes de Charlton Comics. Entonces The Question se transformó en Rorschach. Captain Atom se volvió Doctor Manhattan, Blue Beetle en Nite Owl. La máscara de Question esconde los rasgos faciales de su alter ego. Moore y Gibbons agregaron un test psicológico de tinta. El resto de su vestimenta es prácticamente idéntica. ¿Qué aleja a Rorschach de Question?  Hay más diferencias entre algunas de las distintas generaciones del personaje original que entre él (o ellos) y la versión de Moore. ¿Cuál es la diferencia entre Captain Atom y Doctor Manhattan? 

 

Lean algunos números de Charlton Comics y lean y relean Watchmen -la duplicidad prácticamente desaparece, los nombres y las contradicciones dejan de tener importancia. Y lean luego el cuarto número de The Multiversity, de Grant Morrison; dibujado por Frank Quietly, cuenta una historia en la que aparecen todos los personajes de Charlton Comics, pero inspirada a su vez en Watchmen y como secuela simbólica. Y lean historias de huérfanos divinos,  no importa sus nombres de pila. El creador y el dueño de los derechos (pocas veces son el mismo) poco importan, porque el superhéroe tiene una identidad propia a la que cada autor y guionista agregan algo de su corazón. Los autores morirán, las editoriales desaparecerán, pero nunca lo harán Shazam ni Rorschach; nunca, porque su origen se pierde en el tiempo y su fin, de existir, también lo hará. Viven en la imaginación y ni siquiera Osiris, que murió y resucitó gracias a su hermana y esposa Isis, ha muerto de verdad a pesar de que poco quede de la civilización responsable de su existencia más que erosión.  Los superhéroes pueden morir si es que la historia lo requiere o si las ventas son bajas; pero irremediablemente volverán a estar vivos. Incluso familiares que carecen de poderes pueden revivir, o al revés: pueden morir sin previo aviso, incluso sin saberlo; un reboot, una crisis y nadie está a salvo, todo está permitido. Pero morir, lo que se dice morir, no. Sus nombres y colores pueden cambiar, hasta los dueños de su propiedad intelectual pueden cambiar,  pero el trueno y la tinta son inmortales.

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