poesía oblonga 1.0

El tiempo, ponele

 

No me digas que el tiempo pasa así como así, como si hablaras de una película imposible de conseguir ni por streaming ni en torrent, o del estado de los humedales del litoral. No, saboreá un poco el tiempo, dejalo en la boca como un caramelo de miel y eso, eso mismo es el tiempo, un caramelo de miel con jengibre, o menta con eucalipto, uno de esos. El tiempo se disuelve pero está ahí, siempre estará ahí aunque se vaya empequeñeciendo y aunque lo muerdas y resquebrajes y aunque te rompas los dientes. Pero no me digas que el tiempo pasa, puntos y líneas dibujadas con una lapicera que siempre tuvo poca tinta, la compraste así en un colectivo junto a otras lapiceras de distintos colores, volviendo de la Avenida San Martín, y al vendedor le faltaban varios dientes. Nadie usa lapiceras, son un recuerdo que permanece como un caramelo un poco roto estacionado, invernando, atrincherado en la encía superior izquierda. La lapicera está ahí, eternamente al alcance de una voluntad que, cuando algún planeta se alínea con otro, los bonos locales suben de valor y mercurio no está retrógrado, se vuelve transparente y refleja miles y miles de recuerdos de manera simultánea. Abrís los ojos y ahí. Ahí, literalmente, otra era geológica, otro eón y el lago de obsidiana como el espejo que usaba Dee para charlar con los amigos de Kelly refleja una viva sensación. Un caramelo, una lapicera y el propio lago se encuentran en esa gota que es un pedacito de caramelo, uno de los últimos en disolverse, atascado en alguna muela. No me digas que el tiempo transcurre, palabra soberbia si las hay, presumida y mala onda, no transcurrís nada, que te creés que sos si ni siquiera entendés qué sos, qué procesos, qué complejo entramado determina esa supuesta secuencia de instancias entre que abrimos el envoltorio y sacamos el caramelo, medio pegado al papel que tiramos a la basura pero tendríamos que haber guardado para reciclar, como el tiempo, y explicame la disolución del caramelo, dale, explicámela, pero no me digas que la oxidación y el marchitamiento y la santa ley de la termodinámica, y explicame el desplegamiento superpuesto de todos los tiempos y ya que estás, llegados a este punto y con la confianza nacida de la mala poesía, si querés y tenés tiempo, explicame la nostalgia y esa sensación que queda cuando a pesar de que el tiempo no existe y el caramelo vaya a estar siempre ahí, en la boca, entre la lengua y los labios, en otro sentido el caramelo de disuelve y queda un sabor a algo más que menta, miel y jengibre o eucalipto.

 

La banderola

 

Apenas me mudé, empecé a escribir sobre la banderola que se encuentra arriba de la ventana de la habitación. Me enamoré de las variaciones, de la manera en que la luz, de las sombras que proyecta, de las aglomeraciones caprichosas de luz en distintas partes del vidrio, me enamoré de los diferentes colores, de la forma.No me importó el ingreso nocturno de luz, ni siquiera cuando el Intendente ordenó reemplazar la antigua luminaria por intensas y blancas luces LED, más blancas que las paredes de mi habitación, más intensa que la Luna e incluso que el Sol. Un poco puede haberme molestado, y me costó dormir alguna que otra vez, pero no dejé de estar fascinado, un poco obsesionado. Anotaba las horas, el ángulo de ingreso de la luz, su intensidad. Las secciones del cristal elegidas, los reflejos. Me armé un Excel, escribí unas fórmulas, quería entenderla del todo para volcarla en poesía. Con suficiente tiempo habría escrito unas funciones en Python y alguna librería de Big Data me podría haber revelado información sin sentido que agregar a mi estudio. Y mientras describía metafóricamente las sutiles variaciones de su existencia a lo largo del día, me volqué también al estudio breve de su historia, de la etimología. Sólo en unos pocos países una banderola no es una bandera sino un tipo de abertura regulable que se encuentra sobre una ventana o sobre una puerta, la hoja abre hacia adentro, la parte superior cae. Las casas ya no tienen banderolas, son un signo de otro tiempo, como los tatamis en Japón, como las lapiceras. Y me encantó más. Y las horas de insomnio, las noches de insomnio, noches de miles de horas en las que la exagerada luminosidad era en parte responsable, irónicamente me acercaba más a ella. Quizás no fueran preocupaciones ni la luz, sino la banderola lo que me quitaba el sueño. Cogí bajo ese resplandor y lo miraba a los ojos al descansar la vista, al pensar. Al hacerlo contemplaba sus rasgos, volvía a medir con el corazón los ángulos, analizaba dónde faltaba una mano de pintura en la madera vieja, descubría una telaraña cuando no una multitud de telarañas. Un día noté que el vidrio central se había rasgado y fue devastador. Si ese vidrio grueso, imponente, que engrandecía la luz podía ser dañado, qué podía ser de mí. Me volví loco, buscando fotos del celular, intentando determinar el momento y la causa de esa grieta pero no, nunca. Y al cerrar los ojos con fuerza después de acabar, o al ir al baño, o simplemente al suspirar con los ojos todavía cerrados al despertar, seguía viendo esos profundos y claros, clarísimos módulos lumínicos como si tuviese los ojos abiertos. Cada tanto, tras varios días de humedad, una humedad espantosa como sólo hay en Buenos Aires, esa humedad que espesa el aire, que no se respira y se corta en fetas y se vende de a doscientos gramos, ese tipo de mañana abrimos la banderola para ventilar la casa. No sólo las tonalidades se multiplican, al igual que las sombras, y no sólo juegan un poco entre ellas. Los autos que pasan, ahora un poco menos por la cuarentena, también participan al igual que los sonidos de la gente al caminar. Qué felicidad, cuando está nublado y sale el Sol y soy testigo desde mi habitación. Desde que mudé quiero escribir algo sobre todo el abanico de percepciones que despierta la banderola, pero nunca lo hice.

 

Meditación

 

Exhalar acomodé el culo en el zafu, el empeine de los pies en el piso inhalar exhalar uno inhalar exhalar dos inhalar exhalar tres inhalar exhalar uno inhalar exhalar dos inhalar exhalar tres inhalar exhalar cuatro inhalar exhalar cinco inhalar exhalar mil inhalar exhalar inhalar exhalar algo me sonrió, en alguna parte de mi interior, ni en el tracto digestivo ni en los riñones, tampoco en el corazón pero casi, cerca, algo, el zeta reticulian que todos llevamos dentro me sonrió, feliz de estar vivo inhalar exhalar inhalar exhalar uno inhalar exhalar dos inhalar exhalar millones de respiraciones después recordé una conversación sobre la meditación con un ex compañero de laburo, colombiano, rulos, comía apio de snack, lo vi comer apio en la oficina, vi las paredes de ladrillo en Villa Crespo, hace poco compartió en Facebook una publicación de otra compañera, creo que tiene un podcast, o participó en un podcast y volví a inhalar y a exhalar, o volví a darme cuenta que inhalaba y que exhalaba, otra vez inhalar exhalar para siempre inhalar bueno, no para siempre exhalar pero eterno inhalar exhalar nariz inhalar corazón inhalar plexo inhalar hara inhalar inhalar aguantar exhalar exhalar exhalar por minutos que parecen años que parecen décadas que parecen segundos porque ni minutos ni décadas son nada más que segundos y nada que ver claro pero pensé en qué adjetivo fantástico que es oblongo, más ancho que largo y pensé risueño en buscarlo en PornHub pero mi zeta reticulian interior no debe haber entendido el chiste porque no rió sino que inhaló y exhaló inhaló inhalar exhaló exhalar inhalar exhalar una inhalar y otra exhalar vez inhalando y exhalando mecí mi respiración como a un bebé, izquierda y derecha, izquierda y derecha, de un lado a otro, izquierda astral, derecha astral, no hasta dormirme izquierda pero hasta las derecha ondas alfa y más izquierda allá derecha, mecí mi cuerpo cansado y mi alma inexistente inhalación a exhalación hasta que se me acalambraron un poco los brazos, formar un círculo pluscuamperfecto por el que la conciencia circula y vuelve a circular a veces no es tan sencillo como parece, un ensô bello como la superficie de un planeta desconocido, perfecto como el recuerdo del sabor de tu alfajor favorito cuando tenías nueve años, así de perfecto como me picó la nuca izquierda inhalar me siguió picando inhalar exhalar inhalar exhalar inhalar profundo muy profundo exhalar me volvió a picar y vi pasar una sombra, una sombra sigilosa de ocho patas, un ninja de la conciencia me dije a mí mismo mientras la sombra continuaba su camino descendente, descendiendo chakra por chakra por la pared bueno inhalar uno exhalar dos inhalar tres exhalar no inhalar exhalar uno inhalar exhalar dos inhalar exhalar tres inhalar exhalar cuatro inhalar exhalar cinco inhalar exhalar seis inhalar exhalar siete inhalar exhalar ocho inhalar exhalar nueve inhalar exhalar inhalar exhalar nada inhalar nada exhalar nada inhalar mundos enteros exhalar mundos enteros inhalar fuego exhalar fuego inhalaaar y exhalaaar inhalar muchísimo aire inhalar muchísimo tiempo inhalar muchísimo silencio y esperar y exhalar todo ese aire de a poco exhalar e inhalar una vez más exhalar inhalé alfabetos completos exhalé alfabetos de lenguajes que realmente no conocía inhalé mi alma aunque no exista exhalé mi alma aunque no exista me inhalé y me exhalé exista o no inhalando o exhalando o inhalar exhalar inhalar exhalar inhalar el silencio entre las respiraciones se fue agrandando, una preparación de masa madre al reposar el silencio levó, el silencio fermentó y creció y entre una respiración y la otra, entre el inhalar y el exhalar se crearon campos inmensos y de una profundidad bastante poco frecuente, bastos como la distancia entre la clase media alta y la pobreza, en los que el silencio echó raíz y micelificó, se expandió y silenció el inhalar exhalar el silencio inhalar exhalar silencio inhalar silencio exhalar silencio silencio silencio inhalar sí exhalar sí enderecé la columna y noté que había estado inclinándome hacia adelante inhalar exhalar otra vez la nuca izquierda inhalar exhalar otra vez inhalar y otra vez exhalar